No banalizar el uso del término genocidio

19/May/2017

Clarín, Por Daniel Muchnik

No banalizar el uso del término genocidio

Frecuentemente se usa el término
«genocidio» para aquellas cuestiones que poco tienen que ver con la
definición de una catástrofe. La expresión “genocidio” fue creada en 1944 por
el jurista polaco Raphael Lemkin para borrar los términos sinsentido que se utilizaban
hasta entonces, en plena Segunda Guerra Mundial: “crimen sin nombre” o “crimen
de guerra”.
Lemkin , también profesor de Derecho
Internacional en los Estados Unidos gestó la expresión “genocidio” que surgía a
partir de la expresión griega “genos”, “raza”, “pueblo” y el sufijo latino
“cide”, de “cadere” para calificar al acto de matar.
De acuerdo con la definición, el
“genocidio” es un delito sin fronteras y comprende “cualquiera de los actos
perpetrados en tiempo de paz o de guerra con la intención, a través de un plan
coordinado, de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico,
racial o religioso como tal”.
Según su autobiografía, Lemkin se sumergió
en el entendimiento y en la definición de los crímenes masivos en los años
veinte cuando investigó la matanza del pueblo armenio en manos de los turcos,
antes y durante la Primera Guerra Mundial. Para entonces ya consideraba
indispensable una ley contra este tipo de asesinatos raciales o religiosos. De
la misma manera se interesó, años después por la calificación adecuada de la
colectivización forzosa en Ucrania, ordenada por Stalin que produjo 4 millones
de muertos— conocido como el Holodomor — a comienzos de la década del
treinta.
Lemkin es el autor de una expresión
revolucionaria que dio pie a la organización de congresos e intensos debates en
los que finalmente se propuso que cada Estado trasladara la tipificación del
delito a su propio régimen penal y estableciera los castigos correspondientes.
El de Lemkin fue un mensaje solitario, pero su espíritu legal comenzó a ser
utilizado por la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito del
Genocidio en 1948.
Antes, al finalizar la contienda, en 1945,
el Acuerdo o Carta de Londres, que había fijado las bases del Tribunal de Nuremberg,
destinado a dictar sentencia a los responsables del Tercer Reich sólo se había
valido del conocido delito de “crimen contra la humanidad”, definido como “
exterminio, esclavitud, cualquier acto inhumano contra la población civil por
motivos religiosos o raciales.”.
Con el paso del tiempo juristas y políticos
fueron advirtiendo que el concepto de “crímenes contra la humanidad” coincidía
con el de “genocidio”, aunque con matices diferentes. Para el registro
histórico a la matanza contra los armenios se sumaron la de los judíos, de los
gitanos en masa, de los homosexuales, de cinco millones de prisioneros
soviéticos por parte de los nazis, del Khmer Rouge en Camboya.
La calificación de “genocidio” se aplicó en
el Tribunal en La Haya que se abocó a las guerras en Yugoslavia en la década
del noventa. El serbio ex-marxista Slobodan Milosevic, Presidente del país y de
su región entre 1989 y 1997 fue considerado un genocida. Durante su permanencia
en el poder el ejército serbio mató, entre otros, a 9.000 musulmanes — por el
sólo hecho de integrar una colectividad religiosa— siguiendo un principio de
“limpieza étnica” en Srebrenica, que formaba parte de Bosnia.
Daniel Muchnik es periodista y escritor